Síntomas de estrés

Los síntomas de estrés, son la respuesta del organismo frente a situaciones que perturban el equilibrio de la persona. Las manifestaciones de estrés consisten en la huida o la lucha. Primitivamente, el ser humano se enfrentaba a situaciones que ponían en peligro la vida, y duraban unos minutos.

Los síntomas de estrés aparecen como respuesta del organismo a la exposición a condiciones externas que perturban el equilibrio personal. Una manifestación de este proceso es el deseo de huir de la situación. En la reacción participan el cerebro, el sistema nervioso, el corazón, las hormonas, el aparato digestivo, los músculos.

El estrés ocasiona cambios químicos en el organismo, debido a las señales que el cerebro envía al mismo, activando la secreción hormonal. Estas hormonas ocasionan una reacción en cadena, haciendo latir aceleradamente al corazón, aumentando la presión arterial, aumentando el nivel de insulina, para que el cuerpo produzca más energía. Estas reacciones no provocan daños a corto plazo, pues nos permiten defendernos del peligro, pero si la situación persiste, se genera una situación de fatiga que deteriora la salud del individuo.

El estrés continuado puede ocasionar enfermedades cardiovasculares, migraña, artritis reumatoide, asma, alteraciones nerviosas, calvicie, alteraciones de la piel, impotencia sexual, colitis, trastornos menstruales, diabetes, dolores de espalda, etc.

Causas de los síntomas de estrés:

Los síntomas de estrés, pueden ser desencadenados por cualquier suceso que genere una respuesta emocional, o sea que es provocado por situaciones positivas o negativas. Síntomas de estrés

Los síntomas de estrés más comunes son: depresión, ansiedad, dolor de cabeza, insomnio, indigestión, alteraciones en la piel, disfunción sexual, aumento del ritmo cardiaco, diarrea o estreñimiento.

Cuando el estrés se prolonga, produce una respuesta compleja conocida como Síndrome de Adaptación General, la cual resulta perjudicial por la elevación en los niveles de adrenalina y de corticoestroides, secretados por las glándulas adrenales.

El estrés continuado ocasiona envejecimiento prematuro, por desgaste del organismo y deterioro del sistema inmunológico y la capacidad mental.

Normalmente, las células emplean el 90% de la energía en las actividades metabólicas destinadas a la renovación, creación y reparación de los tejidos nuevos.

Pero en situaciones de estrés el metabolismo anabólico cambia, el organismo envía la energía a los músculos, deteniendo las actividades de reparación del cuerpo e incluso comienza a descomponer los tejidos para obtener energía que enviar a los músculos.

Esto debido a que la respuesta natural ante las situaciones de estrés es la huída o la pelea (pues en estado natural, el estrés era ocasionado por amenazas físicas), lo cual requiere de mucha energía y fuerza muscular.

Si bien en la actualidad, por lo general las situaciones de estrés no implican riesgo de vida, nuestro organismo no ha evolucionado al mismo nivel que los cambios sociales.

Otra variante está en la duración de las situaciones estresantes, ya que en la antigüedad no se prologaban por muchos minutos, pero hoy en día, pueden durar años.

Esto hace que los niveles de hormonas no retornen a su estado normal, sino que permanezcan en sobreproducción por mucho tiempo, lo que ocasiones daños como: destrucción muscular, fatiga, diabetes, hipertensión, úlceras, enanismo, impotencia sexual, trastornos menstruales, alteraciones inmunológicas, daños en las células nerviosas. Esto ocasiona efectos similares a los del envejecimiento, lo cual acorta la vida.

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